2 abr. 2014

Un cuento para todos. Educando en verde

Estar en contacto directo con la naturaleza es un derecho fundamental de la infancia y sin embargo cada vez más, sin achacar la culpa a nadie en particular y a todos en general los niños tienen “déficit de naturaleza”. Es cosa de todos educar en verde, por ello lee este cuento, reflexiona y actúa.


 Un cuento para reflexionar:

Roberto, un niño de 8 años, vivía en Tornos con su hermano mayor y sus padres.  Con dos, tres y cuatro años, todavía eran demasiado pequeños para ir solos y como casi todos los niños, después de todo un día reclamando ir al parque, conseguían que su padre  o su madre los llevasen. El día que por cualquier motivo no podían ir, los padres comprobaban que los niños estaban mucho más nerviosos, con mucha energía y frecuentemente acababan con peleas, gritos y castigos.

Los padres, cansados de ir al parque, buscaban alternativas que mantuviesen a los niños entretenidos y así, ellos pudiesen hacer sus tareas, relajarse o simplemente de vez en cuando evitar esa salida al parque. Cualquier momento de lloros e impertinencias de los niños era un buen momento para poner vídeos, canciones y juegos educativos en el móvil de los padres, sabían que no era el mejor sistema de educar pero había que reconocer que era cómodo, rápido y los  mantenía quietos y entretenidos.

Los niños crecieron rápido, y como cualquiera de su edad, ya no necesitaban la atención de sus padres para jugar. La mayoría de los momentos de ocio en familia eran para salir a tomar algo, a cenar una pizza, ir al cine y al centro comercial en Zaragoza. Los padres comenzaron a reflexionar sobre esto y sobre su dependencia a jugar con el móvil, la tablet, los videojuegos…. Sabían que hay que adaptarse a la sociedad en que vivimos y no  iba a ser igual su infancia que la de sus hijos, pero poco a poco se daban cuenta que sus hijos iban haciendo lo que aprendían, ¡había que cambiar hábitos¡.

Un día decidieron ir a comer en familia a los Ojos de Monreal. Al revés que años atrás ahora serían los niños los que se quejaban de tal excursión. El día fue mejor de lo esperado, los niños jugaron al balón, corrieron…  en ningún momento se aburrieron, además llevaban sus tecnologías para suplir esos momentos. Los Ojos, pasaron casi desapercibidos, tanto los padres como los niños se asomaron un poco, vieron el paisaje y no le dieron mayor importancia.

Los fines de semana se acostumbraron a ir a los Ojos, habían comprobado que los niños desconectaban, poco a poco les gustaba más y se quejaban menos y cada vez más olvidaban las tecnologías en casa.  Un día Roberto le preguntó a sus padres  qué era eso de los Ojos  y de dónde salía, los padres le informaron de lo poquito que sabían y siguieron jugando.

En las siguientes jornadas, toda la familia, cuando llegaba a los ojos iban a  verlos, sin buscarlo se había despertado una curiosidad por acercarse, por ver el nivel de agua, la temperatura, la magia de ver manar agua en el fondo  y cada día se sorprendían con unas aves que asustadas salían volando. Roberto le dijo a su padre que si tenía unos prismáticos y este le dijo que recordaba tener unos viejos de su abuelo. Toda la familia fue aprendiendo que en silencio y con cuidado, esas aves que días atrás salían volando, quedaban quietas y con los prismáticos se veían perfectas. Un día  localizaron un nido entre los carrizos con una garza.

Poco a poco la semana se centraba en esperar la visita a los Ojos. La garza, ya con nombre “Tornina” en honor a su pueblo y sus tres pollitos, eran la principal atracción, pero Roberto  con ayuda de su padre que en pocos meses se había convertido en un experto ornitólogo, había logrado ponerle cara al carbonero y al pájaro carpintero, que también distinguía al escuchar los golpes de su pico en los chopos.    

Roberto, no cabía de alegría cuando se enteró que curiosamente ese año el “CRA BELLO” iba de excursión final de curso a los Ojos de Monreal. Todos sus compañeros serían participantes de sus descubrimientos. Los profesores en un principio quedaron sorprendidos, en la última excursión al famoso Puerto Venecia, todos los alumnos habían estado en más de una ocasión y  sólo Roberto y su hermano habían visitado un espacio natural tan destacado en la comarca del Jiloca como los Ojos de Monreal. 

El día de la excursión, los profesores quedaron admirados. Los gritos del recreo desaparecieron.  Roberto, rodeado de sus compañeros, todos en silencio, organizaba grupos de tres y reptando por el suelo se dirigían al escondite desde el que se veía a Tornina y sus polluelos. Los grupos mientras esperaban su turno, hacían de puntos de  vigilancia para encontrar el pájaro carpintero, era realmente increíble la organización y el despliegue. La cara de felicidad del grupo que regresaba reptando de ver a Tornina y sus polluelos creaba impaciencia y nerviosismo en los grupos que esperaban y de vez en cuando se oía algún grito y risas propios de la espontaneidad de los niños. Los chicos pusieron nombre a los tres que faltaban Bellina, Torralbi y Odi. Un día increíble para el “CRA BELLO”

El padre de Roberto llego un día a casa y asustado le preguntó a María qué pasaba, pues la mujer estaba llorando. María sonriendo le dijo que era una tontería pero no podía evitar llorar de la emoción. Los profesores habían llamado uno a uno para felicitarlos. Roberto tenía unas experiencias y vivencias que habían hecho que aprendiese a disfrutar de la naturaleza y con ello había adquirido unos valores increíbles de respeto, compañerismo, una inquietud por conocer y un equilibrio que difícilmente eran visibles en otros compañeros de su edad.  
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Ojos del Jiloca, Monreal del Campo
  


 
Los niños son la calcamonía de lo que ven, pasan muchas horas encerrados en la escuela, en casa, actividades extraescolares en lugares cerrados, bares... Somos nosotros, abuelos, padres, tíos, primos, vecinos y amigos, los que debemos estimular en ellos el contacto con la naturaleza y puesto que es imprescindible para su salud y crecimiento, ¡CAMBIEMOS HÁBITOS¡, salgamos al campo, tenemos miles de rincones por conocer, ¡QUE NINGÚN NIÑO DEL JILOCA TENGA DÉFICIT DE NATURALEZA¡.

EXCURJILOCATE: que no tengan que venir a decirnos, ¡el Jiloca también es bonito¡.

Carmen Alijarde


2 comentarios:

  1. Un cuento muy bonito Carmen. Si algún día soy padre haré participe a mis hijos de descubrir la naturaleza que nos rodea, que es muy desconocido por la mayoría de niños de ahora.

    ¡¡Salgamos al campo!!

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    1. Gracias Bruni. Tus niños tendrán un profesor envidiable.
      Besicos
      Carmen A.

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